El ‘basta ya’ de la Complutense*

por Juanjo Becerra / @jjbecerra

El pasado 5 de mayo, la Complutense (UCM) decidió dejar de ser una universidad del siglo XX, o incluso del XIX, y empezar a hablar el lenguaje en el que se expresan desde hace años los campus españoles más pujantes. Hartos de ser un juguete ideológico, de los manoseos políticos regionales y de su vertiginoso declive, sus profesores y alumnos han dicho «basta ya». Ésa es la conclusión más interesante que dejó el primer round de las elecciones a rector, de las que el matemático Carlos Andradas salió como candidato más votado y como caballo ganador de cara a la segunda vuelta. Su rival será José Carrillo, actual rector y también matemático.

Como es tradición en la UCM, las elecciones se habían planteado en clave de política autonómica o incluso nacional: Carrillo abanderaba a Podemos y la extrema izquierda universitaria; mientras que Federico Morán, secretario general de Universidades en el equipo de Wert hasta hace unos meses, competía teóricamente por el PP. Entre el blanco y el negro, entre el violeta y el azul, poco parecían contar los grises. Y sin embargo, se impuso esa tercera vía: el discurso académico, las propuestas de regeneración, la excelencia científica… «¿Si gana Carrillo gana Podemos?», le preguntábamos a Andradas hace unos días en EL MUNDO. «Ni lo sé, ni me importa».

Porque lo esencial para la UCM no es la responsabilidad de Carrillo en el caso Monedero, o la de Morán en los desmanes del ministro Wert en educación superior. Demasiado tiene la universidad más grande de España con frenar su propia decadencia académica: la de sus vetustos edificios y la de unas prestaciones docentes e investigadoras que, con honrosísimas excepciones, llevan demasiado tiempo viviendo de viejas rentas.

En esas condiciones, los dos colectivos para los que elegir un buen rector se ha convertido en un asunto de vida o muerte lo han visto claro. Andradas era el candidato idóneo para liderar el resurgimiento de la institución. Ex presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce) y de la Real Sociedad Matemática (RSME), ha sabido aglutinar en su candidatura todo lo que en este momento necesita la UCM: un discurso integrador, un programa basado en la excelencia científica y un proyecto de regeneración. De ahí que haya arrasado entre el profesorado funcionario (818 votos frente a 502 de Carrillo) y los estudiantes (3.197 frente a 1.819).

Especialmente ilustrativo de ese hartazgo resulta que Andradas le diera un revolcón al actual rector en dos feudos que éste podría haber reclamado como propios: la Facultad de Matemáticas, a la que ambos pertenecen y donde fue superado incluso por Morán; y la de Ciencias Políticas y Sociología, principal incubadora de las ideas de Pablo Iglesias y los suyos.

En cambio, Carrillo se apoyó mucho más en los bedeles, los técnicos, el personal administrativo y los profesores no funcionarios. Un voto más sindicalizado y en el que las reivindicaciones gremiales se anteponen a las académicas. Compañeros de viaje más incómodos cuando el desafío es poner patas arriba una universidad y reconstruirla sobre la exigencia y el mérito.

Así las cosas, mañana se celebrará la segunda vuelta. Andradas tiene todas las papeletas para ganar, y puede que de calle. Salvo cambalaches de última hora, que los habrá, al 36,5% de votos ponderados que se adjudicó en el partido de ida se le puede sumar una buena porción del 7,8% de Rafael Calduch (UPyD), cuarto en discordia; y del 22,4% de Morán. Sus seguidores se acercan más al perfil académico y de centroizquierda de Andradas que al de Carrillo.
El partido hay que jugarlo, pero puede que nada vuelva a ser lo mismo en la Complutense. Sus profesores y sus alumnos quieren que vuelva a ser una universidad y no un campo de batalla político.

*Publicado el 12 de mayo en la sección de Madrid de El Mundo

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